Luisa Etxenike

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Gobernar con preguntas

 Hace unos días, la 2 de TVE emitió un interesante documental sobre la muerte de Allende que incluía imágenes de su toma de posesión. En aquel acto dijo que se encontraba ante el «enorme desafío de ponerlo todo en entredicho». Más allá de una declaración de intenciones concretas y limitadas a aquel tiempo y a ese país, veo en esas palabras una «poética» de gobierno más aplicable que nunca o más necesaria de aplicación que nunca a las maneras de gobernar de nuestra época. Una poética basada en la interrogación o en el principio de que un buen Gobierno debe componerse naturalmente de respuestas (puntuales y de alcance), pero también de preguntas. Gobernar poniendo en entredicho, como una manera de revisar interrogando no sólo el pasado, sino el presente, no sólo lo que han hecho los predecesores, sino, autocríticamente, lo que se va haciendo. Para así remediar, al máximo y en tiempo real, errores, insuficiencias o ineficacias, y reducir al mínimo la superficie del conformismo en el poder, de la autocomplacencia, de los gestos automatizados, desconectados del ritmo de las exigencias sociales; en definitiva, las posibilidades de que las dinámicas de gobierno se vuelvan simples inercias, movimientos sin avance.

El recordatorio de Allende ha coincidido en el tiempo con la celebración de la cumbre del G-20 y aún más cerca de nosotros con la firma del acuerdo entre el PSE y el PP vasco. Y decía que sus palabras son más aplicables que nunca a la actualidad, porque es evidente que la eficacia de lo decidido en la cumbre de Londres no va a depender tanto de las respuestas puntuales (inyecciones de fondos o estímulos fiscales) de esos dirigentes, como de lo auténtica y decidida que sea su voluntad «de ponerlo todo en entredicho», de lo lejos que estén dispuestos a llevar las preguntas el cuestionamiento político y ético de un sistema socioeconómico mundial basado en la desigualdad, la opacidad, la avidez y la consiguiente depredación de recursos, y que al ritmo actual sólo va a heredar a las futuras generaciones un planeta devorado y tóxico.

En cuanto al nuevo ciclo político en Euskadi, es evidente también que tendrá que partir de más de una revisión, porque 30 años de un mismo partido en el Gobierno ha dado aquí (y de principio podría dar en cualquier parte), para mucha desconexión con las necesidades reales de la sociedad, para mucha respuesta anacrónica o desfasada, para mucha inercia conformista y/o autocomplacida, y desde luego para muy poca autocrítica, cuestionamiento o interrogación gubernativa. El nuevo ciclo tendrá pues que poner más de un «entredicho», abrir más de punto de interrogación sobre el pasado. Pero es de esperar que esos puntos no se cierren ahí, sino que avancen con el presente, paso a paso, decisión a decisión, que el nuevo Ejecutivo vasco lo sea también porque fundamenta respuestas de gobierno eficaces en renovadas preguntas.

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