Luisa Etxenike

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Datos fiables

«Sencillamente posarme sobre una verdad clara, es decir que permanece en un solo filo», escribió Antonin Artaud. Y el paro es, desde luego, un filo que corta de raíz proyectos personales y familiares, que tiene capacidad para descalabrar el bienestar y la tranquilidad de las personas afectadas y de su entorno. Es un filo que crea además otro corte, dentro de la propia sociedad: la división entre quienes mantienen su trabajo y van a poder capear el temporal de la crisis en relativamente buenas condiciones y los otros, los que por haberse quedado en el paro van a vivirla en estado de precariedad y de alerta permanente. El desempleo es el efecto más negro de la crisis, su filo social más hiriente. Y es imprescindible abordarlo con absoluta seriedad y transparencia, es decir, desde su realidad más literal, evitando cualquier tipo de recubrimiento, distorsión o ficcionalización. Desde «una verdad clara».

Y, sin embargo, los datos que recibimos no son claros. Como tantas veces sucede en Euskadi, estamos sumidos en una doble interpretación de nuestra posición en la crisis (el «hemos sido los últimos en entrar y seremos los primeros en salir» del lehendakari es cuestionado por economistas de nuestras propias universidades) y en una doble «contabilidad»: no coinciden las cifras que desde aquí se presentan con las calculadas en el ámbito estatal. Y leía aquí mismo hace unos días cómo el presidente del Consejo Económico y Social vasco pedía a los responsables del Instituto Vasco de Estadística-Eustat que revisaran la metodología que emplean para calcular las cifras del paro en Euskadi, porque era notable la discrepancia de sus cuentas con las del Instituto Nacional de Estadística y, desde luego, con las del Inem (cuyos cálculos no se basan en encuestas, sino en datos reales). Por ejemplo, de enero a diciembre, había 46.400 parados en Euskadi según el Eustat, 88.600 según el INE, y 100.637 de acuerdo con los inscritos en el Inem.

Evidentemente, esa diferencia no puede darse, porque los parados no son entidades abstractas ni hipótesis de cálculo, sino seres concretos, personas de carne y hueso perfectamente visibles y cuantificables. Los parados son reales y, por lo tanto, no puede haber confusión ni discrepancia en la medida de su situación. De su dura situación, que el Gobierno vasco no debería en ningún caso tratar de ficcionalizar ni de difuminar ni de recubrir con su habitual tendencia a las pátinas autocomplacientes. La crisis es lo que es, y hay que mirarla de frente y no sesgadamente desde el interés partidista y/o electoral. Y entiendo que deberían aprovecharse los informativos de EITB para tener a la ciudadanía vasca debida y puntualmente informada, a través de análisis de expertos y no de anuncios institucionales. De manera que situarse frente a la crisis no tenga que ser un acto de fe, sino de puro y útil conocimiento.

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