Luisa Etxenike

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Literatura-imán

Diario Esti Päevaleht- Estonia

 

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Las  novelas de Sofi Oksanen, y de manera muy particular Purga, están siendo recibidas en muchos países europeos con entusiasmo de público y crítica. Este éxito se explica y se justifica, en mi opinión, porque la de Okasen es una literatura que calificaré de imán. Su escritura recoge unas tensiones que reflejan perfectamente las de nuestro tiempo; tiene la capacidad de concentrar y de mantener unidas imágenes, preocupaciones, interrogaciones de una absoluta actualidad. “En un buen relato siempre encontramos algo que nos sirve para la vida” decía Walter Benjamin. En las buenas novelas también, sin duda. Y en las de Sofi Oksanen encontramos referencias muy útiles para el presente de Europa, en las que podemos conocernos y reconocernos como europeos de ahora mismo.

Está la tensa interrogación sobre la identidad; la incierta delimitación de las fronteras que nos separan del otro y de lo otro. El mestizaje visto como anhelo y, al mismo tiempo, como dificultad. Los personajes de Oksanen siempre son dobles o siempre son algo más que una pertenencia, impermeable, a una sola condición o a un solo lugar. Tienen una identidad conectada, o por utilizar una terminología más contemporánea, una identidad en red, tejida en sumas, contrastes, aportaciones múltiples. Esa experiencia identitaria no se circunscribe al ámbito territorial de estas novelas: Estonia, Rusia o Finlandia; ese mestizaje puede trasladarlo cualquier europeo a su propia realidad; puede reconocerlo o asumirlo ahora mismo en sus tensiones pero también en sus alegrías, esto es, en la esperanza en lo común.

Es un mestizaje no sólo de espacios geográficos sino también de tiempos históricos. Las novelas de Sofi Oksanen no hablan del pasado sino del presente. Un presente también conectado, también en red. Un presente que no aparece como una consecuencia del pasado: la segunda guerra mundial, la división de Europa en bloques, la expansión soviética o la dictadura estalinista…_, sino que se caracteriza por su no indiferencia al pasado. Ese presente en comunicación constante con el pasado no resulta cómodo pero sí extremadamente estimulante. Y creo que es eso también lo que los lectores aprecian en las novelas de Oksanen: una interlocución con la Historia, que apela a su lucidez, a su energía crítica. Que les despierta, en fin, en un mundo y en un momento en que casi todo les invita al adormecimiento, a la pasividad. Y aquí de nuevo esa anchura de la perspectiva histórica, con sus tensiones y sus estímulos, cualquier europeo puede trasladarla a su propio ámbito. Todos, de un modo u otro, hemos compartido situaciones, escenarios, amenazas similares. Y compartimos también el mismo debate de memoria, la misma necesidad de decidir con qué recuerdos queremos y debemos convivir para no repetir los errores/horrores del pasado.

         Porque de eso se trata: de no repetir, de mantener la memoria, la visión crítica, la interrogación moral despiertas para evitar, en estos tiempos de crisis que atravesamos, cualquier repetición. Los libros de Sofi Oksanen colocan esa memoria y esa interrogación moral en un estado de alerta máxima, y en un terreno preferente: el de la violencia contra las mujeres. La violación, la prostitución y la trata de mujeres se constituyen así en metáfora del totalitarismo; y combatirlas, por ello, en paradigma de la responsabilidad democrática. Nos dice, en definitiva, esta escritora que el machismo es un fascismo; y al hacerlo con esa contundencia se integra también en un linaje literario europeo, en la estela de autoras tan significativas como Elfriede Jelinek, Herta Müller, Agota Kristof, Birgit Vanderbeke o Jeannette Winterson.

         He citado más arriba a Walter Benjamin; quisiera terminar citando ahora al poeta portugués Fernando Pessoa que decía que “en un poema se tiene que notar que ha existido Homero”. Es otro de los méritos de Sofi Oksanen, y sin duda otra de las razones de su éxito: en sus novelas se nota que han existido los grandes nombres de la literatura europea; su escritura se inserta en una tradición, imanta sus significaciones, sus aportaciones técnicas, su ambición formal. Se nota en todo: en el complejo tejido temporal, en la arquitectura de la trama; en la espléndida, sobre todo en Purga, coralidad de la perspectiva. Son intensamente corales las novelas de Sofi Oksanen, y en ese sentido, profundamente, dostoievskianas. Y en eso también reside su atractivo, en que a pesar de las apariencias y de las referencias, el que verdaderamente cuenta allí no es Stalin, sino Dostoievski.

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