Luisa Etxenike

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Deseos atendidos

Diario El País. País Vasco.

Truman Capote tituló su última novela (que dejó inacabada) Plegarias atendidas, siguiendo una afirmación de Santa Teresa según la cual se derraman más lágrimas por las plegarias que han sido atendidas que por aquellas que quedan sin respuesta. Vendría a ser como una versión más compleja o sofisticada de esa expresión popular que dice: “Ojo con los deseos, porque a veces se cumplen”. Con todo, y a pesar de estas sabias advertencias, creo que la mayoría de nosotros prefiere que sus deseos se cumplan e iniciarse en el año nuevo no sólo con una serie de propósitos y de peticiones sino con la esperanza de verlos realizados y satisfechos. Y lo que vale para la vida privada entiendo que vale también para la pública, porque una parte de nuestra felicidad depende del cómo va la cosa común, de cómo se resuelven los asuntos sociales.

 

 

En este comienzo de año voy a conectar mi plegaria ciudadana con unas palabras de Jesús Neira, sin duda una de las personalidades del 2008, que salió en defensa de una mujer y fue tan brutalmente atacado por su agresor que aún sigue, después de varios meses, hospitalizado. Neira recibió hace poco la Medalla de Oro de la Universidad Camilo José Cela y, en el acto de entrega, su mujer, Isabel Cepeda, leyó en su nombre un texto en el que, entre otras cosas pertinentes, decía que “la violencia contra las mujeres debe doler a toda la sociedad”.

“Abril es el mes más cruel”, escribió T. S. Eliot en el inicio de Tierra baldía. Cuando nos referimos a la violencia de género, todos los meses pueden definirse con esa afirmación de crueldad. Pero el peor, en 2008, ha sido diciembre, que se ha cerrado con nueve nuevas víctimas -una de ellas, Clara Rangel, en Rentería-. En todo el año han sido más de sesenta las mujeres asesinadas; una cifra dramáticamente similar a la del año pasado, y a la del pasado, y a la de todos los anteriores desde que se quiera empezar a contar. Y es evidente que ninguna sociedad puede permitirse, ni en la práctica ni en la teoría (es decir, en el territorio de sus principios y valores más fundacionales), semejante sangría, semejante goteo espeluznante.

Y sin embargo, la violencia machista no es vista todavía como una cuestión social prioritaria (una reciente encuesta revelaba que menos del 3% de los españoles piensa que se trata de un problema grave) ni como una responsabilidad de todos. Conseguir que esto cambie radicalmente, que la violencia de género se aborde como una auténtica emergencia social y “le duela -en palabras de Jesús Neira- a toda la sociedad” es una tarea colectiva, fundamental y urgente.

En ella voy a concentrar mis deseos para este año, que ojalá sea visiblemente nuevo. Entre otras razones, porque estoy convencida de que la violencia machista es como la madre de todas las violencias, en el sentido de que constituye para muchas personas (y desde luego para muchos niños) el primer contacto, y por ello el más significativo y determinante, con la realidad del irrespeto, la intolerancia, el abuso de poder, la apropiación indebida del otro. Lo que la convierte en una escuela inicial, iniciática, de comportamientos contra-afectivos y antisociales. Atajarla de raíz, en su misma fuente, significaría no sólo acabar con ella, sino con otras muchas violencias que de ella se nutren, que son su consecuencia. Tal vez, por fin, en el 2009.

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